Mi primer Ironman: ¿serán todos así?

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Mi primer Ironman: ¿serán todos así?

Autor: Ronald Nauschnig

Hola, soy Ronald. Acabo de llegar a la salida de la natación y no veo a mi amigo Chiche por ningún lado. Habíamos quedado en la esquina más hacia la derecha de la salida. Está llena de gente, pero no alcanzo a verlo.

Hoy me he levantado a las 3:30, he ido al lavabo con diarrea, y ahora vuelvo a tener muchas ganas de cagar. ¿Lo tendré que hacer en el agua? Dios mío, espero aguantarme.

Es la primera prueba del Ironman de Austria en que no dejan llevar neopreno; hay una ola de calor terrible. De todas formas, a mí no me importa mucho no llevar neopreno. De hecho, lo compré hace quince días y solo lo he probado un par de veces, así que nadaré como en la piscina, a pelo, y con la temperatura del agua tan caliente como allí.

Dan la salida; me tiro al agua, tranquilo, sin prisa. Se me cruzan un par de tíos, braceo y los dejo pasar. Tengo miedo de los calambres que a veces tengo en la piscina. Dicen que eso pasa a la gente que ha empezado a nadar de mayor. Me concentro en toda la técnica que me han enseñado desde que empecé a nadar, hace solo seis meses. Sí, solo seis meses. Ahora bien, he nadado casi cada día, y en los últimos tres meses el promedio de natación era de 3000 m diarios. Me gusta mucho nadar, disfruto y me relaja. Nado, nado y nado siguiendo la estela de los tíos de delante.

Llego a la entrada del canal. El canal es el último tramo de la carrera a nado. Es artificial y de poca profundidad. Faltan solo unos mil metros para llegar. Aquí se aglomera la gente, ya que tiene solo unos diez metros de ancho. Se me cruza mucha gente y aquí sí que no me dejo atropellar. Me encuentro bien, puedo tocar tierra si me entran calambres y queda poco, así que para adelante, tortazo va y tortazo viene, pero yo adelante.

Salgo del agua; miro el Garmin que llevo: 1h 34m.

Me cambio y me pongo el maillot. Hay mucha gente que ya lo lleva nadando y no se cambia para ganar tiempo, pero yo creo que no me va de un par de minutos más de transición. Me seco, me pongo vaselina y salgo de la zona para cambiarse.

Cojo la bicicleta; no es mía, me la ha dejado Pere de Probike. Por suerte, tiene la misma estatura y complexión que yo, así que espero que me vaya bien. Solo la he probado un par de días. Yo voy cada día a trabajar en bicicleta, pero de montaña. He entrenado mucho, a diario y con tiradas de 160 Km los sábados en las que iba solo o con Chiche, y siempre en mi bicicleta de montaña.

Ahora llevo una bicicleta estupenda y, aunque no tengo mucha práctica con ella, se nota una gran diferencia.

El recorrido en el Ironman de Austria no tiene mucho desnivel, solo hay tres subidas fuertes en cada una de las dos vueltas al circuito, aunque sí que hay muchos repechones. Me sitúo junto a un grupo de ciclistas que van a mi ritmo. Está prohibido aglomerarse en un pelotón, pero ¿quién se deja pasar? Llega la primera subida y, con sorpresa, me pongo fácilmente delante del grupo. Al llegar arriba el público me aplaude, y más cuando ven por el dorsal que soy austriaco. Luego en la bajada, me vuelven a pillar. Así repetidamente en casi todas las subidas y bajadas. Tal vez la explicación es que ellos llevaban bicicletas de triatlón o contrarreloj. Dicen que son más radicales y van muy bien en llano y en bajadas no muy técnicas (como las de aquí), pero que cuesta subir con ellas porque el cuerpo va muy hacia delante, mientras que con la mía estoy más de pie.

Antes de acabar la primera vuelta, sí que no pude más. Paré en un área de asistencia y pregunté dónde poder ir a cagar. Un tipo me dijo que allí al lado, pero que no podía llevarme la bicicleta. “Bien, pues guárdamela un rato”, le dije, y sin esperar a que me respondiera salí corriendo hacia el lavabo.

Llego al final de la primera vuelta, hay una curva de 180 grados en la que distingo a mi padre y a mi novia, que me han acompañado. Saludo y, de repente, me quedo de piedra: ¡Chiche estaba a su lado!, de pie y vestido de calle. Freno y casi tiro a un corredor que venía detrás. Se formó un gran apelotonamiento detrás de mí. Seguí un poco forzado por los corredores de atrás.

En la segunda vuelta no paraba de pensar en mi amigo Chiche. Él fue quien se apuntó primero al Ironman y yo detrás. Hace diez meses estaba gordo y hacía mucho tiempo que no hacía ejercicio. Aparte, tres años atrás tuvo un Ictus, que le dejó sin poder hablar en un mes. Tiene el corazón que le va como quiere, con arritmia, y encima la medicación le pone límites. Y en septiembre le tuvieron que poner un marcapasos porque se quedaba sin pulsaciones durante diez o más segundos y se desmayaba. Va y me dice que se había apuntado a un Ironman. Todos pensamos (yo el primero) que estaba loco, ¡pero no!, ha demostrado que querer es poder, en diez meses de esfuerzo en que se levantaba a las cinco de la mañana para entrenar. Yo fui el único que le dijo que le acompañaría, y ahora me he quedado solo en la carrera.

Acabé la bicicleta en 6h 25m.

Me cambié y me puse una camiseta y unos pantalones para correr. Sin ganas de seguir. Salí al circuito de correr y vi a mi novia y a mi padre. Me explicaron que a Chiche le habían parado tras nadar 4180 m, y a 200 m de la llegada. Las boyas habían garreado y el circuito era más largo de los 3800 m. Y, encima, el tozudo en el entreno solo nada con el Pullboy (un corcho) entre las piernas. ¡Mira que se lo dije! Que no se acostumbrase a usarlo siempre. Y él, que no, que se parece más a usar el neopreno. Y ahora ¿quién tenía razón?

Me convencieron para seguir la prueba. Salí andando, como tenía previsto realizar toda la maratón. Hacia la media maratón, paré en un reavituallamiento. Oí a alguien detrás de mí que me dijo: “Andando se va mejor, ¿no?”. Me giré y le dije que sí, que mucho mejor. Era un tipo de Estados Unidos, al que le diagnosticaron un glaucoma hace tan solo tres meses. Dijo que se había apuntado al Ironman y el médico le dijo que la maratón andando, que no podía correr por los golpes que se transmiten al ojo, y así lo estaba haciendo. Además, el pobre había contratado anteriormente a un preparador para hacer la maratón en un buen tiempo, y ahora,… pues a andar. Fue una suerte encontrarlo, porque fue mucho más agradable ir a su lado charlando. Fueron casi tres horas en que estuvimos codo a codo. Al llegar a la entrada de los atletas, un corredor entre vallas que hay antes de las tribunas junto a la meta me dijo que entrara yo solo corriendo. Le dije que no, que habíamos ido los dos juntos y así quería acabar. Sin embargo, se negó en rotundo, me empujó y me dijo que nos veríamos en la llegada. Me puse a correr. En la primera esquina, antes de una recta de unos doscientos metros que daba a las tribunas, estaba Chiche, me gritó y se puso a correr conmigo desde el otro lado de la valla que nos separaba. “¡Eres todo un Ironman!”, me repetía.

Sí, amigo, lo soy y el próximo año lo vas a ser tú, junto a mí, claro. Porque vamos a correr otro Ironman juntos.

El momento de entrar en la meta fue fantástico, llegué en 14h 58m.

Pero nada comparable al entreno de todo un año, pese a los momentos de sufrimiento, las palizas que te pegas, la pereza que te da levantarte e ir a entrenar, las dudas sobre el entreno que has de seguir,… Con todo ello, ha sido un año inolvidable, que quiero volver a repetir.

By | 2012-09-21T12:01:09+00:00 Agosto 29th, 2012|Noticias|0 Comments

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