Probike + Rodamón: la vuelta en el mundo en bici

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Probike + Rodamón: la vuelta en el mundo en bici

La última vez que os escribí todavía estaba en El Salvador. El día siguiente mismo atravesé la frontera con Guatemala y llegué a la ciudad de Escuintla, donde me encontré con mi amigo catalano-mexicano Dídac en un motel de carretera. No penseis mal, nuestra única intención era pedalear juntos desde allá hasta su ciudad natal, México, D.F.

Dídac es un tío que se mueve diariamente en bici por Barcelona para ir a de casa al trabajo, del trabajo a casa… Pero de aquí a poder hacer 100 km al día sin sufrir casi ninguna molestia el día siguiente… Una máquina!

Atravesamos el sur de Guatemala rodando entre los mayas, por pequeños pueblos con iglesias coloniales y bajo un aguacero tropical cada tarde. Realmente, fue muy agradable volver a contar con compañía en la carretera.

Y cuando entramos en México fuimos multitud. Justo en la frontera nos encontramos con Abraham, un amigo de Dídac que también se apuntaba a la aventura de atravesar el sur de su país camino de la capital. Otra vez, quedó claro que no hay que ser ningún portento físico para poder ponerse a hacer etapas de una centésima de kilómetros cada jornada, con un mínimo estado de forma y mucha voluntad hay bastante.

Con estos dos personajes empezamos a reseguir la cuesta sur de Chiapas. Juntos vivimos ocasiones señaladas como la celebración de mi primer año de viaje y la cifra de 30.000 km totales en mi cuentaquilometros, que celebramos con un brindis de tequila. Ciertamente, nos lo pasamos muy bien.

También nos tocaron etapas duras, sobre todo debido al viento mientras dejábamos el litoral para dirigirnos hacia el interior del istmo de Tehuantepec, y también un par de escaladas muy fuertes, puesto que nos encontrábamos al nivel del mar y la Ciudad de México está a 2.200 metros de altitud. El puerto más alto fue de 3.150 metros, para pasar por el lado del volcán nevado Iztlacíhuatl y bajar al valle de México.

Finalmente, después de dos semanas de rodar juntos, llegamos a nuestro destino y nos recibió una pequeña multitud formada por familiares y amigos de mis dos compañeros. En D.F. no tuve mucha ocasión de reponerme, a pesar de que estuve cuatro días, puesto que siempre había una fiesta: una de bienvenida, un bautizo, un aniversario…

Por suerte, pronto me puse a hacer mis 100 km al día y pude descansar. En dos días llegué a la ciudad de Querétaro, donde me reencontré con mi familia mexicana y me hicieron sentir como si ya tuviera un pie en casa. Además, el centro histórico de la ciudad es Patrimonio de la Humanidad y el día siguiente fui a hacer una visita sobre ruedas.

A partir de entonces me adentré al Norte de México. El paisaje se fue volviendo cada vez más árido y las carreteras se convirtieron en unas aburridas rectas de decenas de kilómetros, la más larga, de 80 km sin una sola curva. Por suerte, tuve la ocasión de conocer algunas ciudades muy interesantes con cascos antiguos que no han cambiado nada desde la época colonial: San Luis Potosí, Saltillo, Monterrey…

Esta zona del país es tristemente conocida por la violencia que se ha desatado desde el inicio de la llamada “guerra contra el narcotráfico” de las fuerzas de seguridad (ejército, policía) y los cárteles criminales. La situación está tan descontrolada que al final no se sabe quién está en qué bando, e incluso civiles que no están de ninguna forma involucrados en el conflicto pueden acabar pagando las consecuencias.

Por suerte, no tuve absolutamente ningún problema y como siempre tan sólo me encontré gente amable. En principio, si te mueves de día y no te metes a lugares sospechosos, no tiene por qué pasarte nada. No diré que la cuestión de la inseguridad es una invención de los medios de comunicación, pero sí que es falso que en México se viva un ambiente bélico.

Hace cuatro días crucé el puente sobre el Río Bravo, que los gringos denominan Rio Grande, y entré a los Estados Unidos de América. Desde entonces he ido atravesando el sur de Texas, una zona muy despoblada, árida y con un viento muy fuerte que cada día me sopla de cara.

Es duro adaptarse al American Way porque no hay nadie por la calle y por lo tanto cuesta relacionarse con la gente, me es casi imposible encontrar lugares para comer que no sean de fast food, y es imposible encontrar un terreno para acampar porque todo es propiedad privada cerrada y con letreros de “No trespassing”.
De todas formas, estoy disfrutando con la experiencia y estoy contento porque de aquí a una semana me volveré a encontrar con la Cris, esta vez en Nueva Orleans, por última vez en este viaje. Después de dos semanas de descanso, me volveré a poner y ya sólo me quedará un mes y medio de vuelta al mundo. Así que no os lo perdáis, porque falta poco para volver a casa pero de momento continuamos rodando!

Xavi Narro es guionista de televisión. Ha trabajado en Mediapro, Barcelona TV y el ”APM?” de Tv3 antes de dejarlo todo para hacer la vuelta en el mundo en bici con el apoyo de Probike. También podéis seguir su aventura en:

www.rodamon.tv
http://www.facebook.com/rodamon.tv
Twitter: @*Rodamontv

By | 2013-10-21T08:57:53+00:00 Octubre 21st, 2013|Noticias|Comentarios desactivados en Probike + Rodamón: la vuelta en el mundo en bici

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