Rodamón con PROBIKE

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Rodamón con PROBIKE

Xavi Narro es guionista de televisión. Ha trabajado en Mediapro, Barcelona TV y APM? de TV3 antes de dejarlo todo para dar la vuelta al mundo en bici con el apoyo de Probike. También podéis seguir su aventura en:

www.rodamon.tv
http://www.facebook.com/rodamon.tv

CRÓNICA 1 – 31 DE AGOSTO

Ahora que la mayoría de personas dignas habéis vuelto al trabajo, me comprometo a solidarizarme con vosotros compartiendo las experiencias que me encuentre durante el año que durará mi vuelta al mundo en bicicleta. Espero no daros rabia sino animaros para que algún día también hagáis una “pequeña” pausa  en vuestras vidas cotidianas y os lancéis a la carretera, figuradamente, claro.

Esta aventura no habría sido posible sin el apoyo de Probike, que enseguida confió en el proyecto y me ayudó a conseguir todo lo que necesitaba para llevarlo a cabo: la bici, una Tricross de Specialized perfecta para el cicloturismo, las alforjas, la ropa, los complementos…

La ruta prevista atraviesa Europa directamente hacia el este, continúa por Asia Central hasta llegar a China, donde se desvía hacia el sur para cruzar el sudeste asiático y saltar hacia Australia. Desde allí se pasa a Santiago de Chile en avión y se remonta toda América hasta Canadá, donde habrá que coger otro vuelo para llegar a Marruecos. Una vez allí, volver a Barcelona será como la última etapa del Tour, después de haber recorrido unos 40.000 km.

La duración aproximada del viaje es de un año, con opciones de que se alargue. Ahora mismo hace 40 días que estoy en ruta y me encuentro en Mariupol, Ucrania, a punto de llegar a Rusia. Lo llevo bastante bien, la bici también lo lleva bien, aunque a veces es duro (supongo que para los dos).

Soy consciente de que estoy cumpliendo mi sueño y que mucha gente querría estar en mi lugar, pero igualmente hay momentos en que el viento en contra, la soledad, el tráfico de la carretera… me hacen pensar que estaría mejor en casa tranquilamente rodeado de amigos y familiares.

Sin embargo, la idea de abandonar no se me pasa nunca por la cabeza y cada vez que alguien me invita a su casa, pruebo un plato nuevo o atravieso una nueva frontera, recuerdo por qué lo estoy haciendo y me doy cuenta de que vale mucho la pena y que tengo que disfrutarlo tanto como pueda.


La parte de Europa occidental (Catalunya, Francia, Mónaco, Italia, Eslovenia) la hice acompañado por mis amigos Scott Hayashida y Xavi Normal. ¡Viajar en compañía se agradece mucho! Pero desde entonces, he atravesado solo Croacia, Hungría, Rumanía, Moldavia y la mayor parte de Ucrania y también es cierto que cuando viajas solo lo vives de otra manera y es más fácil relacionarte con el que te rodea.

Mañana llegaré a la frontera de Rusia y el viaje continuará hacia el este. Kazajistán, China… Espero ser capaz de transmitiros las sensaciones que me vaya encontrando en la carretera y que, de alguna manera, aunque sea a distancia, podáis pedalear conmigo durante el viaje. ¡Un abrazo!

 

CRÓNICA 2 -14 DE SEPTIEMBRE

Tan solo ha pasado una semana desde la última vez que recibisteis noticias mías, pero ¡no os podéis imaginar cómo ha cambiado el panorama! Los enormes campos de maíz y girasoles de Ucrania son tan solo un recuerdo lejano: me encuentro en Elista, en Calmuquia, me he adentrado completamente en la mítica estepa rusa después de 47 días de ruta.

La enorme Rusia, de la que “solo” atravesaré unos mil kilómetros entre el mar Negro y el mar Caspio, no deja de sorprenderme con la calidez de su gente. Todo el mundo tiene un momento para preguntarte de dónde vienes, a dónde vas, por qué viajas en bici… e, incluso, para ofrecerte un poco de comida, té o un techo.

La parte más negativa es el viento del este, que sopla con fuerza en mi contra sin ningún obstáculo que lo frene, ya que aquí el territorio es absolutamente llano (aparte de estar situado por debajo del nivel del mar, en la Depresión Caspiana). Los cien kilómetros diarios, el sol del mediodía, los mosquitos de la noche… nada se enfrenta con tanta obstinación con mi voluntad como este viento persistente.

Pero el viaje continúa, cuanto más duro sea, mayor será la satisfacción cuando el objetivo esté cumplido. Y tampoco se trata de un martirio, los pequeños placeres del día a día compensan con creces el esfuerzo de pedalear día sí y día también.

Ahora toca continuar hacia el este, en dirección a Astracán, y avanzar por zonas todavía más áridas, como el desierto del Ryn, mientras llego a las puertas de Kazajistán . ¡Continuamos rodando por el mundo!

 

CRÓNICA 3 – 22 DE SEPTIEMBRE

Una semana más, y Probike y Rodamón seguimos adelante con nuestra vuelta al mundo en bicicleta. Eso sí, ya no se trata de un paseo por los campos de Europa. Ahora hablamos de una dura travesía por el desierto, concretamente, el desierto del Ryn, en Kazajistán.

Después de Elista y antes de llegar a Astracán, aún en Rusia, ya experimenté la dureza de pedalear por un terreno de aridez extrema y escasamente poblado. Era necesario estudiar bien el mapa y llevar comida y agua de sobras, mínimo cinco litros. En medio de la estepa árida, en el pequeño pueblo de Khulkhuta, pude reencontrarme con una familia que conocí hace ocho años, durante el viaje de Barcelona a China también en bici. Otra vez, me sentí como en casa y me costó marcharme.

Pero la vuelta al mundo se hace a golpe de pedal, no comiendo sandía con Sasha y familia, así que al día siguiente me despedí y continué el camino hacia a Astracán.

Esta ciudad me sorprendió porque no la recordaba tan interesante. Pasé horas dando vuelta por el centro, especialmente por el Kremlin, una fortaleza de piedra blanca empezada a construir en el siglo XVI.


Desde aquí solo había una etapa hasta Kazajistán . Crucé sin problemas pero entonces empezó el auténtico vía crucis, tres días arrastrándome por el desierto luchando contra un viento de cara de fuerza extremada. Al final de cada etapa pensaba: “Ha sido el peor día del viaje”, pero al día siguiente era todavía más duro. La media de velocidad caía jornada tras jornada, a medida que la furia del viento se intensificaba, hasta que hoy he rodado a 12 km/h durante casi siete horas.

Pero por fin he llegado a Atyrau y el desierto del Ryn queda atrás. Mañana, a primera hora, atravesaré un puente que me transportará a Asia. A partir de entonces y hasta dentro de un mes, cuando llegue a las montañas de Tian Shan, cruzaré la enorme estepa kazaja, también árida pero menos que los parajes de esta última semana.

Poder hacer la vuelta al mundo en bicicleta es un privilegio, soy muy consciente, pero también requiere un grande esfuerzo y mucha fuerza de voluntad. La mayor parte de las etapas es agradable. En cambio, hay otras que son una durísima prueba física, como estos últimos días. La cuestión es no rendirse y aguantar las embestidas del viento, la arena en los ojos los baches de la carretera porque algún día, cuando lleguemos al final, miraremos atrás y estaremos orgullosos de nosotros mismos.

 

CRÓNICA 4 – 2 DE OCTUBRE

La vuelta al mundo en bicicleta de Probike y Rodamón continúa rodando después de dos meses de viaje y más de 6.000 kilómetros transcurridos entre Barcelona y Kazajistán. Los últimos días han sido especialmente duros, pero no hay recompensa sin esfuerzo, y ahora más que nunca cuento con la determinación de pedalear siempre adelante y descubrir los secretos de esta parte del planeta tan desconocida.

Después de Atyrau, en el mar Caspio, entré en Asia al cruzar el puente sobre el río Ural. Europa quedaba atrás y enfrente tenia un enorme continente que tardaré meses en atravesar.

Durante las primeras etapas después de esta ciudad el viento me dio una cierta tregua, aunque surgió otro problema igualmente perjudicial par mi progreso: el mal estado de la carretera. En algunos tramos, se trataba simplemente de una pista de arena rodeada de la nada. Los pocos conductores que se atreven a seguir esta ruta prefieren circular por el medio de la estepa porque no se quieren arriesgar a caer dentro de uno de los enormes hoyos que abundan.


Por este camino llegué a pueblos tan remotos que sus habitantes salían a recibirme y me asaltaban con una retahíla de preguntas: de dónde vienes, a dónde vas, por qué haces este viaje… Aparte de estas escasas poblaciones, solo me encontré camellos y explotaciones petroleras.

Al cabo de unos centenares de kilómetros la carretera volvió a ser aceptable y pude rodar con cierta tranquilidad. Al final de una larga jornada vi a un ciclista con pinta de occidental pedaleando hacia mí. Me preguntó si hablaba inglés y si había visto un jersey azul en el suelo. Era Stu, un inglés que venía pedaleando desde Nottingham con su hermano Chris. Aunque no encontramos el jersey, acampamos juntos y desde entonces vamos en grupo hacia Shymkent; allí ellos bajarán a Kirguistán y yo continuaré hacia el este, hacia Almaty, para después entrar en China a través del pueblo fronterizo de Khorgas.

Ha sido una suerte coincidir con estos compañeros porque desde nuestro encuentro hemos vuelto a vivir etapas muy duras. El viento sopla con fuerza muchos días y la jornada que llegamos a la ciudad de Aktobe, rozando Siberia, venía del norte y nos dejó helados.

Desde entonces, las noches son muy frías y los días, si el sol está tapado, también. Pedaleamos con toda la ropa de abrigo y pararnos es un suplicio, pero tenemos la esperanza de que a medida que nos dirijamos a Aral y más al sur encontraremos temperaturas más cálidas.
Por lo tanto, kilómetro a kilómetro, voy avanzando con mis nuevos acompañantes por la ingente estepa kazaja. La sonrisa y el interés de los habitantes de estas tierras y las shaikhanas, las casas de té donde nos hinchan de platos tradicionales y té con leche, nos ayudan a tirar adelante. Cada día es duro pero cada noche es una recompensa, igual que las maravillas de este viaje prevalecerán encima del sufrimiento cuando esta vuelta al mundo sea una misión cumplida. ¡Continuamos rodando!

CRÓNICA 5 – 15 DE OCTUBRE

Si alguien tiene ganas de vivir experiencias extremas con la bicicleta, ¡que venga a Kazajistán  inmediatamente! Dentro de poco habrán arreglado las carreteras y pedalear por este país que está completamente patas arriba perderá su encanto.

Efectivamente, la vuelta al mundo en bicicleta de Probike y Rodamón tira adelante con dificultad pero sin pararse. Durante las últimas semanas he ido siguiendo la carretera M32 desde Aktobe, en el norte del país, junto a Siberia, hasta Shymkent, en el sur, al pie de las montañas del Tian Shan.

Hasta la ciudad de Aral el asfalto parecía digno de una pista de despegue. Desafortunadamente, a partir de entonces empezaron las obras y no ha habido una sola etapa en la que pedalear con tranquilidad: ahora desvíate por este camino de tierra, ahora trágate el polvo que levanta este camión, ahora arrastra la bici por este banco de arena…

 

Han sido días duros pero he contado con la compañía y el apoyo de los hermanos Marshall, Chris y Stu, que conocí en la carretera y que están pedaleando desde Inglaterra hasta Vietnam.

En su caso, han sufrido diversos contratiempos a causa de los saltos y los agujeros del camino. Desde  que estamos juntos, han reventado unos quince radios y han tenido unos cuantos pinchazos. Por mi parte, ningún problema, así que solo puedo estar agradecido a Probike por haberme escogido la mejor bicicleta para hacer un viaje de estas características.

Aparte de las pésimas condiciones de la ruta, hemos padecido otros problemas. Sin contar tres días en los que se comportó, el viento de la estepa ha continuado soplando sin obstáculos dificultándonos el progreso. Y aunque íbamos hacia el sur, alrededor de Aral experimentamos las temperaturas más frías, hasta el punto de que se congelaba el agua de los bidones.

Para acabar de rematar la situación, los tres hemos estado afectados por una enfermedad digestiva, uno detrás del otro. Me ahorraré los detalles escatológicos, sólo diré que hemos sufrido días de aquellos en que llamas para decir que no irás a trabajar y te quedas en cama descansando; pero en lugar de eso, hemos tenido que hacer 100 km igualmente porque nuestros visados tienen fecha de caducidad como el producto que nos provocó este daño.

Ahora, finalmente, después de tres semanas de estepa, hemos llegado a las “montañas celestiales”, el Tian Shan. El camino continúa siendo duro, con fuertes desniveles y tramos de carretera mala, pero al menos rodamos en medio de un paisaje diferente y colorido.

 

Hoy Chris y Stu han partido hacia Kirguistán y yo me he quedado en la ciudad de Taraz. Ahora me esperan cinco días de volver a pedalear en solitario antes de llegar a Almaty, donde haré un pequeño descanso antes de entrar en China. Por tanto, siempre adelante, ¡continuamos rodando!

CRÓNICA 6 – 31 DE OCTUBRE

Esta será una crónica un poco diferente a las anteriores porque, aparte de los días inmediatamente posteriores a Taraz, desde donde envié la última actualización, he tocado poco la bicicleta. Llegué a Almaty, antigua capital del Kazajistán  y ciudad sorprendentemente cosmopolita, el día 20 de octubre, y desde entonces me he dedicado a descansar, a hacer el turista, a tareas burocráticas y a arreglar la bici.

Pero antes de eso aún me quedaban cinco etapas por el pie de la impresionante cordillera del Tian Shan, unas etapas que parecían fáciles pero que en realidad fueron muy duras y no por el viento en contra, ni por la carretera en mal estado, sino a causa de un nuevo adversario: el frío.

El primer día, saliendo de Taraz, aún fue bastante agradable. Me despedí de mis amigos ingleses, Chris y Stu, que hacía tres semanas que me acompañaban también en bici ya que nuestros caminos coincidían; ahora ellos iban al sur, hacia Kirguistán, y yo continuaba hacia al este, a Almaty. Por lo tanto, volver a pedalear solo fue curioso pero no especialmente difícil para un lobo de la estepa como yo.

A partir del segundo día después de Taraz la cosa se complicó, y por “cosa” me refiero al clima. Unas enormes nubes fantasmagóricas llegaron desde el otro lado de las montañas y tapó el cielo durante tres días en que no paró de llover. Como no me podía permitir estar parado mucho rato y la lluvia parecía no tener prisa por marcharse, no me quedó más remedio que pedalear bajo el aguacero.

Esta experiencia no habría sido tan desagradable si no hubiera sido por el frío, que se sumaba a la humedad dándome la impresión de que estábamos bajo cero. Pero no fue hasta el cuarto día, pasado Korday, cuando tuve que enfrentarme a temperaturas realmente gélidas.

El paso de Korday es una vía que sube y baja entre los picos del Tian Shan y sirve de ruta habitual entre Kazajistán  y Kirguistán. A medida que fui ganando altitud pude observar los efectos de la nevada en terrenos elevados. Poco a poco, el blanco fue imponiéndose hasta que, arriba en el paso, la nieve llegaba hasta los márgenes de la carretera. Lo peor fue la bajada, ya que al no pedalear me resfrié rápidamente y el viento me cortaba las manos como si estuviera armado con cuchillos.

Aquella noche fue realmente dura, el sotobosque aún estaba muy húmedo y el saco y todas mis pertenencias acabaron empapadas. Además, incluso antes de ponerse a dormir, la escarcha cubrió la tienda y el agua del bidón empezó a congelarse. “Tranquilo, sólo tengo que aguantar una noche más, mañana llego a Almaty y podré dormir en una cama en un piso con calefacción”.

Y por suerte así fue, llegué a la ciudad, al día siguiente llegó Cris, mi novia, en avión desde Barcelona y desde entonces he tenido una vida alejada de los pedales. Hemos estado dando vueltas por la ciudad y alrededores, guiados por nuestros amigos kazajos Dariya y Madi, que conozco desde hace años, y sobre todo he comido y dormido mucho.

Además, Cris hizo de mensajera entre Probike y yo y me trajo una caja sorpresa, llena de piezas de recambio para poder poner a tono mi bici, un poco tocada después de la dura travesía por la estepa kazaja y sus (desafortunadamente) famosas carreteras.

Pero este sueño urbanita se acaba pronto porque mañana vuelvo a coger la bici y parto de nuevo hacia el este. Me quedan poco más de 300 km de Kazajistán  y entonces entro en China, concretamente en la república del Xinjiang o Uiguristán. Este tramo se prevé especialmente duro por el mismo motivo que complicó mi llegada a Almaty: el frío. Las temperaturas pueden ser inferiores a cero grados incluso durante el día, pero mientras no haya ninguna tormenta de nieve, no sufro; voy bien preparado.

La buena noticia es que me reencontraré con los ingleses y afrontaremos este nuevo reto juntos. Y espero haber conseguido que vosotros también os sintáis parte de esta aventura; gracias a vuestros ánimos estoy seguro de que sólo hay una posibilidad: ¡continuar rodando!

By | 2015-03-17T09:46:50+00:00 noviembre 15th, 2012|Noticias|0 Comments

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